A continuación, una lección muy valiosa del gran maestro español José Frakson:

Hay que amar los objetos, hay que quererlos, hay que sentir que la bola que aparece, que la carta que se mueve o el cigarrillo que está pronto a aparecer tienen un nombre, tienen un alma, tienen una vida; hay que hablarles, hay que sentirlos cerca, hay que sentir que están prontos a venir. Y cuando ya están entre los dedos, cuando ya han aparecido, hay que agradecerles su presencia, hay que tratarles con  cariño, con alegría, con dulzura, hay que sentirlos ‘vividos’