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Uno de los cómicos argentinos más importantes del continente llegó a Bogotá para presentar un show de magia. Sus reflexiones sobre humor son muy pertinentes por estos días.

Agustín Aristaran se burla de quienes van al psicólogo, porque él, con mucha frecuencia acude a uno. Se mofa de los flacos porque su contextura más parece la de un quinceañero que la de un hombre de 28 años. Hace bromas sobre la prepotencia de los argentinos porque reconoce la fama que se han ganado sus coterráneos. “No se hacen chistes sobre lo que no eres, el humor apela a reírse de uno mismo, y cuando se tocan temas de minorías, temas físicos, o temas que sabes que pueden tocar fibras hay que ser muy cuidadoso”.

Lo dice porque sabe hacer reír a su público. Actualmente su show de humor blanco, absurdo y magia se presenta en el Teatro Nacional La Castellana, donde junto a otros reconocidos magos internacionales, y el colombiano Jose Simons, hace parte de Las Vegas magic tour.
Él es el anfitrión del espectáculo. El que abre y cierra el show. El que captura o destierra a los asistentes al teatro. Su número integra canto, clown, música y por supuesto trucos de cartas que no serían nada sin sus palabras potentes y su constante interacción con los espectadores.

Un peso que sabe cargar. “La magia sola no es seductora tiene que tener otros elementos para que lo sea. Porque carece de la parte artística, porque es un efecto que se genera en la cabeza de la persona, si eso no está acompañado no es un hecho artístico”.
Empezó a aparecer y desaparecer objetos cuando tenía seis años. Sus padres, por equivocación o midiéndole el pulso al destino, le regalaron una caja de magia en lugar de la pista de carros que él pedía.

En la plaza de su ciudad natal, Bahía Blanca, Argentina, Radagast empezó a trabajar y a “pasar la gorra” (recibir pago informal por su show). Después vino el estudio. Circo, clown, música, canto, todas las manifestaciones artísticas que pudieran nutrir su espectáculo.

A los 19 años se trasladó a Buenos Aires y de la mano del productor Jorge Ginzburg recorrió el país mostrando su talento para hacer reír y sorprender, siempre recordando a los cómicos que lo inspiraban. Monty Python,Alfredo Casero, Rowan Atkinson (Mr Bean).
La magia se lo encontró cuando él quería jugar carros. Su inquietud artística le dio el poder para convertirse en un humorista que acude a la magia para hacer aun más divertido su show. Hoy recorre el mundo demostrando que hacer reír no es sólo cuestión de burla.

Fuente: Revista Cromos